18 de abril de 2012

DE LO VIVIDO



Era tarde ya para llegar a esa reunión de fin de año, eran los últimos días de 1998, eramos tres compañeras de bachillerato arreglándonos para esa invitación en el Museo Dolores Olmedo. Llegamos por fin, en el comedor estaba la señora de la casa, del museo; justo ahí nos la presentaron y logramos conocer a todo el equipo de trabajo: diseñadores, artistas plásticos, arquitectos, ingenieros, y a los otros compañeros de servicio y prácticas, fue bueno convivir con todos... pero el atardecer estaba por llegar, y fue así que partimos hacia la entrada y ahí estábamos sin saber qué hacer del resto de nuestra tarde. Ariola abrió el camino con destino a un mirador que se encuentra cerca de la iglesia de Tepepan, al llegar el sol de despedía y las nubes se movían rápidamente con el viento; fue un buen momento con ellas, con mis compañeras. Platicamos y reímos como mucho tiempo atrás no lo hacíamos, pero debíamos retirarnos. Cada una tomo su rumbo, decidí tomar el camino viejo a Xochimilco para llegar a casa caminando, cuando llegue a la Huichapan me encontré a mi amigo Gabriel que llegaba a su casa, se alegró mucho de verme pues tenía cosas que compartir de su día, y así fue, mientras me acompañaba a casa contó sus buenos momentos, estaba muy contento, eran de esos días en los que había encontrado el sentido de su vida, lo veo a distancia y parece imposible que haya volado tan lejos que ya no puedo verlo, solo cuatro años después de esa noche tuve que despedirme en su propia casa, solo espero que ahora mismo disfrute de su eterno vuelo. 
Con una cena a lado de mi abuela, aquel día de gratos momentos terminó.

sonnet/the verve
you get what you give/new radicals

2 comentarios:

Marco S dijo...

Qué bonita instante es la vida en palabras, porque no existen los puntos finales, sólo pausas, comas, para tomar aliento y seguir leyendo

Eterna dijo...

es verdad, así ha sido cada día que compartimos. = ) gran abrazo sagrado retorno !!