25 de mayo de 2012

UNA REUNION



En uno de los tantos Mexicos que han existido, y que Julio Pliego compartió.

18 de mayo de 2012

AL VIAJERO




En un fresco así de similar viaja en este instante, escuchando y sintiendo la energía de la música... Viviendo.


Cactus / Gustavo Cerati

15 de mayo de 2012

LIBRES



"No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres."

Carlos Fuentes.

7 de mayo de 2012

UN MUNDO AQUÍ





¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.

Yo no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
ni riqueza me agrada fementida,

teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.



Sor Juana Inés de la Cruz


27 de abril de 2012

AQUÍ EN LO ETERNO





A PLATERO EN SU TIERRA

Un momento, Platero, vengo a estar con tu muerte. No he vivido. Nada ha pasado. Estas vivo y yo contigo... Vengo solo. Ya los niños y las niñas son hombres y mujeres. La ruina acabó su obra pobre nosotros tres -ya tú sabes-, y sobre su desierto estamos de pie, dueños de la mejor riqueza: la de nuestro corazón.

¡Mi corazón! ¡Ojalá el corazón les bastara a ellos dos como a mí me basta! Ojalá pensarán del mismo modo que yo pienso. Pero no, mejor será que no piensen... Así no tendrán en su memoria la tristeza de mis maldades, de mis cinismos, de mis impertinencias.

¡Con qué alegría, qué bien saber te digo a ti estas cosas que nadie más que tú has de saber...! Ordenaré mis actos para que el presente sea toda la vida y les parezca el recuerdo; para que el sereno porvenir les deje el pasado del tamaño de una violeta y de su color, tranquilo en la sombra, y de su olor suave.

Tú, Platero, estas sólo en el pasado. Pero, ¿qué más te da el pasado a ti, que vives en lo eterno, que, como yo aquí, tienes en tu mano, grana como el corazón de Dios perenne, el sol de cada aurora?


Juan Ramón Jiménez 1916.


Tanta vida en ti y yo contigo... existe un algo que unifica, eterniza a esa vida pequeña con este tiempo, aquí, en mí. Todo átomo que armoniza nuestros pasos y cada recuerdo que viaja

en el viento, le dibuja cada día un valor a tu sonrisa... al Platero que me habita.

A la niña Bel. A Cosmos.

18 de abril de 2012

DE LO VIVIDO



Era tarde ya para llegar a esa reunión de fin de año, eran los últimos días de 1998, eramos tres compañeras de bachillerato arreglándonos para esa invitación en el Museo Dolores Olmedo. Llegamos por fin, en el comedor estaba la señora de la casa, del museo; justo ahí nos la presentaron y logramos conocer a todo el equipo de trabajo: diseñadores, artistas plásticos, arquitectos, ingenieros, y a los otros compañeros de servicio y prácticas, fue bueno convivir con todos... pero el atardecer estaba por llegar, y fue así que partimos hacia la entrada y ahí estábamos sin saber qué hacer del resto de nuestra tarde. Ariola abrió el camino con destino a un mirador que se encuentra cerca de la iglesia de Tepepan, al llegar el sol de despedía y las nubes se movían rápidamente con el viento; fue un buen momento con ellas, con mis compañeras. Platicamos y reímos como mucho tiempo atrás no lo hacíamos, pero debíamos retirarnos. Cada una tomo su rumbo, decidí tomar el camino viejo a Xochimilco para llegar a casa caminando, cuando llegue a la Huichapan me encontré a mi amigo Gabriel que llegaba a su casa, se alegró mucho de verme pues tenía cosas que compartir de su día, y así fue, mientras me acompañaba a casa contó sus buenos momentos, estaba muy contento, eran de esos días en los que había encontrado el sentido de su vida, lo veo a distancia y parece imposible que haya volado tan lejos que ya no puedo verlo, solo cuatro años después de esa noche tuve que despedirme en su propia casa, solo espero que ahora mismo disfrute de su eterno vuelo. 
Con una cena a lado de mi abuela, aquel día de gratos momentos terminó.

sonnet/the verve
you get what you give/new radicals

28 de marzo de 2012

POSIBILIDADES




Seis mineros trabajaban en un túnel muy profundo extrayendo minerales desde las entrañas de la tierra. De repente un derrumbe los dejó aislados sellados la salida del túnel. En silencio cada uno miró a los demás. De un vistazo calcularon su situación. Con su experiencia, se dieron cuenta rápidamente de que el gran problema sería el oxígeno. Si hacían todo bien les quedaban unas tres horas de aire, cuando mucho tres horas y media.
Mucha gente de afuera sabría que ellos estaban allí atrapados, pero un derrumbe como éste significaría horadar otra vez la mina para llegar a buscarlos, ¿podrían hacerlo antes de que se terminara el aire?
Los expertos mineros decidieron que debían ahorrar todo el oxígeno que pudieran.
Acordaron hacer el menor desgaste físico posible, apagaron las lámparas que llevaban y se tendieron en silencio en el piso.
Enmudecidos por la situación e inmóviles en la oscuridad era difícil calcular el paso del tiempo. Incidentalmente sólo uno de ellos tenía reloj. Hacia él iban todas las preguntas: ¿cuánto tiempo pasó? ¿cuánto falta? ¿y ahora?
El tiempo se estiraba, cada par de minutos parecía una hora, y la desesperación ante cada respuesta agravaba aún más la tensión. El jefe de mineros se dio cuenta de que si seguían así, la ansiedad los haría respirar más rápidamente y esto los podía matar. Así que ordenó al que tenía el reloj que solamente él controlara el paso del tiempo. Nadie haría más preguntas, él avisaría a todos cada media hora.
Cumpliendo la orden, el del reloj controlaba su máquina. Y cuando la primera media hora pasó, él dijo “ha pasado media hora”. Hubo un murmullo entre ellos y una angustia que se sentía en el aire.
El hombre del reloj se dio cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, iba a ser cada vez mas terrible comunicarles que el minuto final se acercaba. Sin consultar a nadie decidió que ellos no merecían morirse sufriendo. Así que la próxima vez que les informó la media hora, habían pasado en realidad cuarenta y cinco minutos.
No había manera de notar la diferencia así que nadie siquiera desconfió.
Apoyado en el éxito del engaño la tercera información la dio casi una hora después. Dijo “pasó otra media hora...”. Y los cinco creyeron que habían pasado encerrados, en total, una hora y media y todos pensaron en cuán largo se les hacía el tiempo.
Así siguió el del reloj, a cada hora completa les informaba que había pasado media hora.
La cuadrilla apuraba la tarea de rescate, sabían en qué cámara estaban atrapados, y que sería difícil poder llegar antes de cuatro horas.
Llegaron a las cuatro horas y media. Lo mas probable era encontrar a los seis mineros muertos.
Encontraron vivos a cinco de ellos.
Solamente uno había muerto de asfixia... el que tenía el reloj.


Historias. Bucay.


Aquí la fuerza que tienen la creencias en nuestras vidas, condicionamientos, que en determinados casos pueden llevarnos a un fin devastador.
Por qué no creer y confiar en seguir adelante, para así ver multiplicadas las posibilidades de avanzar.

Bibo No Aozora . Endless Flight / Gustavo Santaolalla

7 de marzo de 2012

UN PASEO








...se eterniza la tarde observando al sol
explotando en las veredas, los cerros y las nubes.
El paseo se cubre con las sombras de cada árbol,
por el suave declive del sol, lentamente,
muy profundamente se entra en pasos cortos,
con sonidos de un viento cálido,
con el canto tenue de los grillos,
y unas veredas con destellos de luciérnagas.

Tarde irrepetible.

29 de febrero de 2012

EN ALGÚN TIEMPO Y LUGAR...


Había una vez, en la antigua China, tres monjes budistas que viajaban de pueblo en pueblo dentro de su territorio ayudando a la gente a encontrar su iluminación. Tenían su propio método: todo lo que hacían era llegar a cada villa y dirigirse a la plaza central donde seguramente funcionaba el mercado. Simplemente se paraban entre la gente y empezaban a reír a carcajadas.

La gente que pasaba los miraba extrañada, pero ellos igualmente reían y reían. Muchas veces alguien preguntaba: “¿De qué se ríen?”.

Los monjes se quedaban un pequeño rato en silencio, se miraban entre ellos y luego, señalando al que preguntaba y apuntándolo, retomaban la carcajada. Y sucedía siempre el mismo fenómeno: la gente del pueblo, que se empezaba a reunir alrededor de los tres para verlos reír, terminaban contagiándose de sus carcajadas y tornaban a reír tímidamente al principio y desaforadamente al final.

Cuentan que al reír, todo el pueblo olvidaba que estaba en el mercado, olvidaba que había venido a comprar y el pueblo entero reía y reía y nada tenía la envergadura suficiente para poder entristecer esa tarde. Cuando el sol se escondía, la gente riendo volvía a sus casas; pero ya no eran los mismos, se habían iluminado. Entonces los tres monjes tomaban su atado de ropa y partían hacia el próximo pueblo.

La fama de los monjes corría por toda China. Algunas poblaciones, cuando se enteraban de la visita de los monjes, se reunían desde la noche anterior en el mercado para esperarlos. Y sucedió un día que, entrando en una ciudad, repentinamente uno de los monjes murió. “Ahora vamos a ver a los dos que quedan -decían algunos-, vamos a ver si todavía les quedan ganas de reír...”

Ese día más y más gente se junto en la plaza para disfrutar la tristeza de los monjes que reían, o para acompañarlos en el dolor que seguramente iban a sentir.

¡Qué sorpresa fue llegar a la plaza y encontrar a los dos monjes, al lado del cuerpo muerto de su compañero riendo a carcajadas! Señalaban al muerto, se miraban entre sí y seguían riendo.

“El dolor los ha enloquecido -dijeron los pobladores. Reír por reír está bien, pero esto es demasiado; hay aquí un hombre muerto, no hay razón para reír.”

Los monjes, que reían, dijeron entre carcajadas. “Ustedes no entienden... él ganó... él ganó...”, y siguieron riendo.

La gente del pueblo se miraba, nadie entendía.

Los monjes continuaron diciendo con risa contenida: “Viniendo hacia aquí hicimos una apuesta sobre quién moriría primero. Mi compañero y yo decíamos que era mi turno... porque soy mucho mayor que ellos dos, pero él, él decía que él... iba a ser el elegido... y ganó ¿entienden?... él ganó”. Y una nueva andanada de carcajadas los invadió.

“Definitivamente han enloquecido -dijeron todos. Debemos nosotros ocuparnos del funeral, estos dos están perdidos.”

Así, algunos se acercaron a levantar el cuerpo para lavarlo y perfumarlo antes de quemarlo en la pira funeraria como era la costumbre en esos tiempo y en ese lugar.

“¡No lo toquen! -gritaron los monjes sin parar de reír. No lo toquen... tenemos una carta de él... él quería que en cuanto muriera hicieran la pira y lo quemaran así, tal como está. Tenemos todo escrito... y él ganó... él ganó.”

Los monjes reían solos entre la consternación general. El alcalde del pueblo tomó la nota, confirmó el último deseo del muerto e hizo los arreglos para cumplirlo. Todos los habitantes trajeron ramas y troncos para levantar la pira mientras los monjes los veían ir y venir.

Cuando la hoguera estuvo lista, entre todos levantaron del suelo el cuerpo sin vida del monje y lo alzaron hasta el tope de la montaña de ramas reunidas en la plaza. El alcalde dijo una o dos palabras que nadie escuchó y encendió el fuego. Algunos pocos lagrimeaban en silencio. Y de pronto, algo extraño sucedió. Del cuerpo que se quemaba salió una estela de luz amarilla en dirección al cielo y explotó en el aire con un ruido ensordecedor. Después otros cometas luminosos llenaron de luz el cuerpo que se quemaba, bombas de estruendo hacían subir los destellos hasta el cielo y la pira se transformó en un increíble espectáculo de luces que subían y giraban y cambiaban de colores y de sonidos espectaculares que acompañaban cada destello. Y los monjes aplaudían, reían y gritaban: “¡Bravo... Bravo... !”. Y entonces sucedió. Primero los niños, luego los jóvenes y después los ancianos, empezaron a reír y a aplaudir. El resto del pueblo quiso resistir y chistar a los que reían, pero al poco tiempo todos reían a carcajadas.

El pueblo, una vez más, se había iluminado.

Por alguna razón desconocida, el monje que reía sabía que su fin se acercaba y, antes de morir, escondió entre sus ropas montones de fuegos artificiales para que explotaran en la pira, su última jugada, una burla a la muerte y al dolor, la última enseñanza del maestro budista: La vida no finaliza sólo nace una y otra y otra vez.

Y el pueblo iluminado reía.

Hojas de ruta. Bucay.

En esta eterna vida, la risa con llanto o sin él acompaña, festejando siempre las luces que destellan en cada rostro, en cada latido, en cada bella despedida y bienvenida.

Volver a ver / Siddhartha .

Risas.

24 de febrero de 2012

UN CAUDAL


No hay río que se apresure con mayor fuga
que la rauda corriente de la vida.

Virgilio.

... con fuerza y gran delicadeza lleva a cada ser sobre su caudal, con sentido y destino, con estruendo y armonía.