27 de abril de 2012

AQUÍ EN LO ETERNO





A PLATERO EN SU TIERRA

Un momento, Platero, vengo a estar con tu muerte. No he vivido. Nada ha pasado. Estas vivo y yo contigo... Vengo solo. Ya los niños y las niñas son hombres y mujeres. La ruina acabó su obra pobre nosotros tres -ya tú sabes-, y sobre su desierto estamos de pie, dueños de la mejor riqueza: la de nuestro corazón.

¡Mi corazón! ¡Ojalá el corazón les bastara a ellos dos como a mí me basta! Ojalá pensarán del mismo modo que yo pienso. Pero no, mejor será que no piensen... Así no tendrán en su memoria la tristeza de mis maldades, de mis cinismos, de mis impertinencias.

¡Con qué alegría, qué bien saber te digo a ti estas cosas que nadie más que tú has de saber...! Ordenaré mis actos para que el presente sea toda la vida y les parezca el recuerdo; para que el sereno porvenir les deje el pasado del tamaño de una violeta y de su color, tranquilo en la sombra, y de su olor suave.

Tú, Platero, estas sólo en el pasado. Pero, ¿qué más te da el pasado a ti, que vives en lo eterno, que, como yo aquí, tienes en tu mano, grana como el corazón de Dios perenne, el sol de cada aurora?


Juan Ramón Jiménez 1916.


Tanta vida en ti y yo contigo... existe un algo que unifica, eterniza a esa vida pequeña con este tiempo, aquí, en mí. Todo átomo que armoniza nuestros pasos y cada recuerdo que viaja

en el viento, le dibuja cada día un valor a tu sonrisa... al Platero que me habita.

A la niña Bel. A Cosmos.

1 comentario:

Marco S dijo...

Porque nunca se disuelve... siempre sonríe en ti y contigo