29 de abril de 2011

INFANCIA



Algunas noches antes de dormir reviso mi memoria, he llegado a recuerdos tan pasados, y es ahí donde me sorprende todo lo que se puede llegar a vivir en tan solo 24 horas, en tan solo 29 años... Son recuerdos tan remotos que es como si rebasaran ese tiempo, pero sin duda son parte de mi historia. Anoche me encontré jugando con mis primos en el patio de mi abuela, ahí cubiertos por la sombra de su higuera y durazno, en una grata tarde... justo ahí en medio de la noche, simplemente volví a sonreír como lo hacia entonces, simplemente volví a vivir esa tarde de niña.

somos nuestra memoria.

Risas y gritos.

3 comentarios:

selma dijo...

Un cuerpo crecio, un humano en su fisonomia cambio, pero en el alma de la inocencia se quedo, siempre será bello retornar al momento de la sonrisa plena de la infancia, oyes esas risas correteandose entre los arbustos, pintando avioncitos con tisas de colores para seguir brincando! Gracias

marea dijo...

Cuando la memoria es dulce y enriquecedora debemos alimentar esos recuerdos bellísimos y gratificantes del pasado, pero ¿qué pasa cuando los recuerdos no son todo lo maravillosos que una hubiera querido..? Mejor oscurecerla con sombras grisáceas, para no volver jamás al pasado.
Bellísima entrada en la que, como antaño, vuelve a ser protagonista tu abuelita, dulce mujer..¡¡
Te dejo un beso,

El sagrado retorno a uno mismo dijo...

Somos la voz del tiempo